Pensamientos #3: Crear sin creer
Entre la práctica artística, desencanto y la pérdida de sentido.

Hace un tiempo empecé a sentir cierta distancia, no con la música, más bien con lo que la rodea, con la forma en que se muestra y se valida, pero sigo creando. No sé por qué lo hago, es casi como una contradicción, una que me lleva a preguntarme: ¿Por qué seguir si ya no creo del todo en el contexto en el que mi arte existe?
Cuando pienso en la escena hoy, me cuesta no verla como un ecosistema atravesado por lógicas distintas a los valores con los que “crecí” en esta industria. La presión constante de la visibilidad que lleva a los artistas a esa necesidad, que nunca desaparece, de mostrarse. Todo se mueve a tal velocidad que el espacio para lo realmente importante, la música, parece casi inexistente. Al punto que me da la sensación de que se producen discos y se tocan DJ sets no por cómo suenan, sino por cómo se perciben.
Todo esto no siempre fue así, al menos no para mí, antes todo eso parecía ausente. Si bien sigo produciendo música por la necesidad intrínseca que lleva al artista a crear, con el DJ set me dejó de pasar. A veces me pregunto en qué momento dejé de tocar buscando ese “estado de flow” que me generaba estar al frente de unas CDJs y un mixer, y que amaba sentir. Me lo pregunto buscando el punto de quiebre en el que todo empezó a parecer hacerse por el nombre en el cartel, por la visibilidad, por el engagement y por la historia o el reel en el momento correcto y desde el ángulo perfecto. Y también, cómo no, me pregunto si esto le pasa a alguien más y, sobre todo, si lo notan y si les afecta como a mí.
Por otro lado, me cuesta ignorar que todo tiene una lógica, que hay una forma de hacer las cosas, de promoverse y sostenerse. Que tal vez casi todos acabamos cayendo en esas dinámicas, no porque nos gusten o busquemos seguirlas. Creo que, en el fondo, se asemeja más a una resignación, porque parece ser el único camino a seguir, aunque para muchos, como yo, no parezca el correcto.
Y es medio raro, porque aunque muchas cosas ya no me hacen sentido, tampoco siento que pueda simplemente dejarlo. Como si hubiera algo que me mantiene ahí, incluso cuando ya no estoy del todo convencido. He intentado desenredar muchas veces ese conflicto y nunca lo logro. Porque, por un lado, he dejado de creer en esta “escena”, a la que ahora percibo como un lugar marcado por el eurocentrismo, el nepotismo y una herida abierta: la falta de deontología por parte de muchas o todas las partes que la conforman.
Sigo haciendo música. Lo demás, todavía no lo termino de entender.
Gracias por leerme, espero que de acá salga tu próxima reflexión músical.


creería que muchxs sentimos algo así: confusión por el contexto que habitamos y por nuestro (no)lugar allí; desazón al ser conscientes de la falsa ilusión de "comunidad" y "escena"; y sobretodo, una contradicción constante entre la pulsión de crear y la frustración del mostrar/se...¿quizás sea cuestión de hacer las pases con la contradicción? aún intentando descifrarlo