Pensamientos #1: Dub Techno, nostalgia y futuros perdidos
Meditaciones sobre el género, hauntología y ruido.

El otro día, mientras escribía algo para alguien muy especial, me preguntaba: ¿Qué es la nostalgia? Y creo que llegué a la conclusión de que, tal vez, se trate de una forma de comunicación con el pasado, con los recuerdos y el silencio de lo vivido que reverbera en nuestras cabezas. Puede que sea el sentimiento que surge de nuestras entrañas al rememorar que tuvimos el lujo y honor de haber vivido ciertas experiencias; una especie de rebote del ayer que sigue moldeando quiénes somos hoy, una resonancia que sigue latente en nuestro interior y nos recuerda, de una extraña manera, que somos la consecuencia de esas vivencias.
En algún punto pensé que soy una persona naturalmente nostálgica y que puede que, por eso, sienta una afinidad especial con géneros que transmiten justamente ese sentimiento: algunos tipos de ambient, Lo-Fi Hip-Hop, IDM melancólico y… Dub Techno. ¿No?
Supongo que en la electrónica hay géneros que miran al pasado para reconstruir el futuro; tal es el caso del electro de Detroit y el que quizá sea su referente más grande, Drexciya, quienes narran el mito de una civilización submarina erigida desde la contra-historia, como memoria alternativa y reparación simbólica. Detrás de ese relato estaban James Stinson y Gerald Donald, quienes imaginaron un linaje que sobrevivía en las profundidades del océano, lejos de la superficie que les había condenado. Más que ciencia ficción, una forma de pensamiento basada en el afrofuturismo, donde el pasado y el futuro se entrelazan para reimaginar la historia desde otros cuerpos y posibilidades.
Otros géneros, en cambio, prefieren directamente inventar el mañana: diseñar utopías y distopías, cartografías sonoras que conducen al oyente por universos cuya arquitectura nace de la mente que las imagina.
Desde mi perspectiva, el dub techno no parece encajar del todo en esas categorías; no reescribe la historia ni imagina de forma activa el mañana. En lugar de eso, parece operar desde la ausencia, como si transmitiera desde un futuro que alguna vez fue proyectado y que terminó evaporándose en el silencio. Donde el techno de Detroit encontraba en las máquinas una promesa y el afrofuturismo planteaba una utopía emancipadora, el dub techno, nacido en Berlín, se centra en el eco, la reverberación de algo que ya ocurrió o que, tal vez, nunca terminó de ocurrir.
Si seguimos a Mark Fisher, la hauntología emerge como una respuesta cultural a un presente en el que “el pasado ya no muere”, sino que permanece accesible, archivado y, de alguna manera, afectando el hoy y, en consecuencia, el mañana: idea a la que llamó la “lenta cancelación del futuro”, la sensación de que las promesas modernas de “novedad” se han agotado, dejando tras de sí un presente saturado por restos de futuros que nunca llegaron a materializarse.
En Dub Techno: The Orphic Experience Of Sound, Bahadirhan Koçer propone que el dub techno puede entenderse dentro de esta lógica. No tanto por su sensación de nostalgia, sino por la integración deliberada de ruido en su paleta sonora. La estática, el “crackle” de vinilo y los residuos de hardware analógico no operan como imperfecciones accidentales, sino como una “huella”, la de tecnologías que no pertenecen al ahora, pero que continúan “acechando” a las producciones contemporáneas.
Incluso cuando el hardware análogo ha desaparecido en gran medida, el ruido de piso es replicado digitalmente, como si el pasado se resistiera a desaparecer y persistiese: simulado, evocado, recreado. Desde esta perspectiva, el dub techno no proyecta un futuro nuevo ni reconstruye uno antiguo; más bien, habita ese punto muerto señalado por Fisher, donde el porvenir parece haberse disipado y lo único que queda son los ecos de un futuro que dejó de formularse.
Esta lectura también aparece en las palabras de Moritz Von Oswald (pionero y mente detrás del género junto a Mark Ernestus), quien sostiene que, aunque los avances tecnológicos han promovido la búsqueda de sonidos “cristalinos” y libres de imperfecciones, el noise no debería entenderse como un defecto. En los primeros ejemplos de dub techno, el ruido era una consecuencia natural del uso de hardware analógico y, lejos de ser indeseable, podía funcionar como recurso narrativo. Para Oswald —y para mí— la música no debería ser despojada de sus impurezas; en el dub techno, el ruido aporta carácter y define su forma particular de contar historias. (Red Bull Music Academy, 2018)
En conclusión, creo que el dub techno no construye mitologías ni promete horizontes. Pienso que trabaja con los residuos del ayer: con ruido, con repetición y acordes que parecen querer emerger, pero se disuelven antes de afirmarse. Su relación con el pasado no es superficial o meramente estética, sino material; permanece como evidencia de que algo continúa, aunque ya no avance. Por eso, su nostalgia no es “retro”, es la percepción de un futuro que alguna vez pareció inminente y que terminó desvaneciéndose, sin ruptura ni catástrofe. Por eso, cuando lo escucho, me evoca ciudades y edificios, construcciones que parecen templos, pero vacíos; momentos de mi vida en los que aseguré que el porvenir sería de una cierta forma, pero no lo fue. Todo con un aire de belleza casi sagrada, que roza lo trascendente, pero congelado en el momento de su muerte.
Así que sí, supongo que, en el fondo, hay un poco más que solo nostalgia.
Inmersiones
Lo que sigue es una breve selección de álbumes, EPs y compilados que, a mi juicio, son esenciales para el género:
Rhythm & Sound — Rhythm & Sound (2001)
Basic Channel — BCD (1995)
Cyrus — Enforcement (1993)
Scion — Emerge (1995)
Various Artists — Decay Product (1997)
Monolake — Hongkong (1997)
Model 500 — Starlight (1995)
Convextion — Convextion (2006)
Peter Ricks — Biokinetics (1996)
Burger/Ink — Las Vegas (1996)
Fluxion — Vibrant Forms (1999)
Vainqueur — Elevations (1997)
Shed — Shedding The Past (2008)
Yagya — Rigning (2009)
Deepchord presents Echospace — Liumin (2010)
Donato Dozzy — Plays Bee Mask (2013)
Juan Atkins & Moritz Von Oswald — Borderland (2013)
Shinichi Atobe — Butterfly Effect (2014)
Prince Of Denmark — 8 (2016)
Vril — Anima Mundi (2018)
Gracias por leerme, espero que de acá salga tu próxima obsesión musical.


Tu análisis de la hauntología en el dub techno es fascinante. La idea de que el ruido sea narrativo y no defecto me resuena profundamente con el trabajo que hago en la pista. El dub techno habita ese espacio donde la ausencia se vuelve presencia, donde la repetición y la reverberación son actos de ritual y cuidado. Excelente perspectiva sobre cómo el género trabaja con los residuos del ayer.